Quizás fuese ese lugar, la luz o el color de un recuerdo, quizás se tratara simplemente de eso...una vieja nostalgia, pero la cuestión es que en ese cruce de casualidades crueles, en ese cruce de miradas furtivas que duran tan sólo unas décimas de segundos más de lo normal, se llegó a pactar todo en silencio, como deben ser los grandes pactos. A partir de ese momento, comenzó el viaje con sabor a único presente, pues la fugacidad tenía un aroma que sabía reconocer muy bien, o quizás fuera su hambre de vida lo que hacía que ésta le presentase únicamente aquello que, precisamente por tener la cualidad de lo efímero, potenciaba la intensidad de cada emoción haciéndola más viva, ya que puede que la única constante de toda esta existencia sea el continuo movimiento, el cambio, la llegada y la despedida. Y también puede que el propósito de esta dinámica sea aprender a dar aquello de cuanto seamos capaces de entregar aún sabiendo que no hay seguros.
Así que sin más, se dispuso a encontrarse consigo misma en otro, haciendo uso de ese espejo que son los seres humanos, para desvelar una vez más qué ocurría con sus ternuras, con sus caricias guardadas, con ese amor que todos llevamos dentro y que a veces cuesta desempolvar, sentir sin reservas y sin promesas.
Comprobó que aún había capacidad de estremecerse hasta los huesos, pasando por el corazón, sí, por el corazón ¿por qué no? Porque una piel que recibe nunca es extraña.
Comprendió, una vez más, que aquello que está de paso puede no quedarse en la superficie de unos labios, puede convertirse en un beso a la vida, abrazando la intensidad de un momento que quedará en la memoria con sabor a gratitud, como una noche de julio perenne simplemente por la oportunidad de volver a sentir. Se quedó con una frase:
"Lo que tú entregas... es diferente, es sincero, espontáneo y libre" Le dio un abrazo a modo de despedida y pensó para sí: "la mejor recompensa de una entrega es simplemente que ésta sea reconocida". No hay después. No hay espacio para un quizás. No es necesario cuando abres tu corazón. Una vez más se sorprendió diciendo: "buen viaje y feliz vida"
.
En algún lugar, entre las luces y las sombras, hallarás tu corazón y podrás preguntarle dónde se encuentra el verdadero paraíso. Él te contestará sin dudarlo: "solamente en tu interior"
viernes, 6 de julio de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
¿QUÉ HACES CON TU SOLEDAD?
Soledad. A veces la miro de frente sin que pase absolutamente nada, a veces intento esquivarla, consciente de que el tormento con que la cubro es mío y nada tiene que ver con ella. En ocasiones la disfrazo, la maquillo y le pongo tacones, la saco a pasear para que se airee. Ella anda por mí. A veces soledad, tan humana, tan sencilla, tan humilde y bipolar: ahora que me abrazas con tu amor, yo te odio. A veces la busco, la añoro, la escojo y priorizo. Soledad me enseña lo que no quiero ver pero igualmente siento.
A veces la admiro y otras la ignoro. A veces me burlo de ella y le pongo una canción de amor para que ella se burle de mí. A veces la necesito, y en cuanto aparece me asusto como sólo son capaces de asustarse los niños. Esa soledad, tan mía, tan pura y genuina, y voy yo y la proyecto, y le pongo un rostro con nombres y apellidos, un bolsillo con recuerdos de épocas ya pasadas y por supuesto mejores.
Otras veces, la racionalizo, la reduzco a la fuerza tras lógica, psicología, razón. A veces la explico y justifico, la adorno de "vacío existencial". Hay momentos en que bailo con ella, la vuelvo creativa, ingeniosa, mordaz: la escribo, como ahora, le abro la puerta y la dejo pasar sin pedirle explicaciones.
A veces la emborracho, de alcohol o de pasiones, creyendo que la destruyo y entonces ella me recuerda que simplemente está ahí, sin permiso y sin necesidad de que la quieran o la premien. Y la envidio.
A veces soledad me habla o le pregunto, o me escucha o me grita y me escupe. A veces la acaricio aunque ella me golpee. A veces la arropo por las noches y ella aparece en sueños como el único fantasma real.
Soledad. Te río, te disfruto, te erotizo en el tacto de un amante imposible, te retrato, te reto. Me trasciendes.
A veces me vuelvo posesiva con mi soledad, y otras me independizo de ella y la comparto con otras soledades, aunque al final de la velada, cada una se retira a su morada, ya sea cueva, ya sea playa desierta.
A veces soledad es tan silenciosa. Suele ser los domingos por la tarde. A veces bulliciosa, suele ser los lunes por la mañana en la parada de autobús.
Soledad me pareces en ocasiones tan solemne, respetable y sabia. A la mañana siguiente te vuelves estúpida, orgullosa, testaruda y vulgar, casi indecente, una loca enfurecida que no me deja andar sin prisas, ni concentrarme ni oíme a mí misma.
A veces soledad se cansa y yo con ella. Me duermo en su regazo mientras ella me canta y promete irse pronto para dejarme serena.
A veces la soledad la fumo con sabor a mentol.
Soledad me acompaña y hago mil cosas con ella, con o sin su aprobación. Solo hay algo que no puedo hacer con ella, no me dejo o no me deja, pero lo que nunca, nunca puedo hacer, es engañarte, soledad.
A veces la admiro y otras la ignoro. A veces me burlo de ella y le pongo una canción de amor para que ella se burle de mí. A veces la necesito, y en cuanto aparece me asusto como sólo son capaces de asustarse los niños. Esa soledad, tan mía, tan pura y genuina, y voy yo y la proyecto, y le pongo un rostro con nombres y apellidos, un bolsillo con recuerdos de épocas ya pasadas y por supuesto mejores.
Otras veces, la racionalizo, la reduzco a la fuerza tras lógica, psicología, razón. A veces la explico y justifico, la adorno de "vacío existencial". Hay momentos en que bailo con ella, la vuelvo creativa, ingeniosa, mordaz: la escribo, como ahora, le abro la puerta y la dejo pasar sin pedirle explicaciones.
A veces la emborracho, de alcohol o de pasiones, creyendo que la destruyo y entonces ella me recuerda que simplemente está ahí, sin permiso y sin necesidad de que la quieran o la premien. Y la envidio.
A veces soledad me habla o le pregunto, o me escucha o me grita y me escupe. A veces la acaricio aunque ella me golpee. A veces la arropo por las noches y ella aparece en sueños como el único fantasma real.
Soledad. Te río, te disfruto, te erotizo en el tacto de un amante imposible, te retrato, te reto. Me trasciendes.
A veces me vuelvo posesiva con mi soledad, y otras me independizo de ella y la comparto con otras soledades, aunque al final de la velada, cada una se retira a su morada, ya sea cueva, ya sea playa desierta.
A veces soledad es tan silenciosa. Suele ser los domingos por la tarde. A veces bulliciosa, suele ser los lunes por la mañana en la parada de autobús.
Soledad me pareces en ocasiones tan solemne, respetable y sabia. A la mañana siguiente te vuelves estúpida, orgullosa, testaruda y vulgar, casi indecente, una loca enfurecida que no me deja andar sin prisas, ni concentrarme ni oíme a mí misma.
A veces soledad se cansa y yo con ella. Me duermo en su regazo mientras ella me canta y promete irse pronto para dejarme serena.
A veces la soledad la fumo con sabor a mentol.
Soledad me acompaña y hago mil cosas con ella, con o sin su aprobación. Solo hay algo que no puedo hacer con ella, no me dejo o no me deja, pero lo que nunca, nunca puedo hacer, es engañarte, soledad.
domingo, 29 de abril de 2012
BREVE REFLEXIÓN SOBRE LA ACEPTACIÓN: CUANDO DICES NO A QUIEN NO QUIERES A TU LADO
Cuando aceptamos a alguien eso implica ver a la persona como es, con lo que es, sus virtudes y defectos...y no querer cambiarle nada para que esté a nuestro lado.
Cuando no aceptamos a alguien eso implica ver a la persona como es, con lo que es, sus virtudes y defectos... y no querer cambiarle nada para que esté a nuestro lado.
Así que tanto si elegimos tener a nuestro lado a una persona, como si no la elegimos, lo importante no va a ser si la aceptamos o no, lo importante es respetarla verdaderamente como es y no desear cambiarla. ¿Hay mayor expresión de amor tanto por uno mismo como por los demás que ésta?
Cuando no aceptamos a alguien eso implica ver a la persona como es, con lo que es, sus virtudes y defectos... y no querer cambiarle nada para que esté a nuestro lado.
Así que tanto si elegimos tener a nuestro lado a una persona, como si no la elegimos, lo importante no va a ser si la aceptamos o no, lo importante es respetarla verdaderamente como es y no desear cambiarla. ¿Hay mayor expresión de amor tanto por uno mismo como por los demás que ésta?
sábado, 21 de abril de 2012
MENTE VERSUS CORAZÓN
A veces hasta lo más simple acaba siendo un embrollo. Suele decirse que entre lo que manda el corazón y lo que manda la cabeza, es mejor seguir al primero, puesto que en caso de que podamos llegar a interpretar el resultado como una equivocación, es más fácil perdonarse cuando hemos actuado dejándonos llevar por un sentimiento que por un pensamiento, pero ¿puede aplicarse esto en todos los casos? ¿y si no está tan claro quién de los dos está hablando? ¿Y si pienso que es mi corazón quien me está guiando y en realidad es mi cabeza, llena de miedos y condicionamientos la que está llevando el timón? Lo que ya decía antes: un embrollo.
Y uno intenta echar mano de las experiencias pasadas, de lo que hemos aprendido. Y uno intenta ser honesto y no engañarse una vez más, como tantas otras veces, pero... de nuevo la sombra pelea con la luz. ¿Cómo saber? ¿Qué preguntas son las más adecuadas?
Quizás en lo profundo hay una voz que aconseja: pies de plomo. Sobre todo cuando no son sólo los propios sentimientos los que están sobre la mesa, porque de mis emociones me hago cargo yo, si me equivoco, aprenderé la forma de ser condescendiente conmigo mismo, pero si otro sufre a causa de mi propia indecisión...en mi caso me pesa, y mucho. ¿Esto me lo dice mi cabeza, mi corazón o ambos dos?
Y siempre queda en el aire esa extraña nube de confusión... ¿y si estoy dando vueltas porque lo que se me presenta es una verdadera oportunidad y de nuevo me boicoteo, o es precisamente este pensamiento lo que siempre me lleva a arriesgar cuando de antemano sé que no hay tal oportunidad?
Lo dicho: un embrollo.
Y uno intenta echar mano de las experiencias pasadas, de lo que hemos aprendido. Y uno intenta ser honesto y no engañarse una vez más, como tantas otras veces, pero... de nuevo la sombra pelea con la luz. ¿Cómo saber? ¿Qué preguntas son las más adecuadas?
Quizás en lo profundo hay una voz que aconseja: pies de plomo. Sobre todo cuando no son sólo los propios sentimientos los que están sobre la mesa, porque de mis emociones me hago cargo yo, si me equivoco, aprenderé la forma de ser condescendiente conmigo mismo, pero si otro sufre a causa de mi propia indecisión...en mi caso me pesa, y mucho. ¿Esto me lo dice mi cabeza, mi corazón o ambos dos?
Y siempre queda en el aire esa extraña nube de confusión... ¿y si estoy dando vueltas porque lo que se me presenta es una verdadera oportunidad y de nuevo me boicoteo, o es precisamente este pensamiento lo que siempre me lleva a arriesgar cuando de antemano sé que no hay tal oportunidad?
Lo dicho: un embrollo.
viernes, 13 de abril de 2012
CARTA 20
Cierro los ojos
y vuelo...
Aparezco donde tú estás.
Te veo.
Me acerco.
Te recorro con mi mirada.
Más cerca.
Te acaricio.
Siento tu piel.
Tus manos frías (hoy están frías).
Te huelo.
Mis labios rozan tu frente.
Y tú ni te das cuenta.
O quizá sí.
Quizás en este momento
estás pensando en mí
sin saber por qué.
(Fragmento de "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay)
y vuelo...
Aparezco donde tú estás.
Te veo.
Me acerco.
Te recorro con mi mirada.
Más cerca.
Te acaricio.
Siento tu piel.
Tus manos frías (hoy están frías).
Te huelo.
Mis labios rozan tu frente.
Y tú ni te das cuenta.
O quizá sí.
Quizás en este momento
estás pensando en mí
sin saber por qué.
(Fragmento de "Cartas para Claudia" de Jorge Bucay)
jueves, 1 de marzo de 2012
INSIDE
Paras y de pronto...silencio
el baile de luces y sombras desfila delante de ti
presencia de certezas que solas se descubren
mis manos, el latido seguro de mi corazón
el fluir de mi vida que habla...
Paras y de pronto todo se derrumba para reinventarse
Maravillosa magia del ahora que vuela a mi alrededor
se consume la llama del tiempo y estoy más allá
acordes de existencia
sin miedo, sin dudas
sin melancolías ni alegrías
Deleite del espíritu cuando baja del mundo
Solos llegamos, solos nos vamos...
Paras y de pronto florece el sentido de cada cosa
cesa la implacable búsqueda en favor de Ser
en favor de...
SER.
sábado, 18 de febrero de 2012
LA DIFICULTAD DE SER HONESTOS
De las cosas más difíciles de llevar a cabo y en las que menos estamos entrenados es en la de ser honestos con nosotros mismos. Y precisamente, toda coherencia en nuestra vida, tanto en nuestras aspiraciones, decisiones, actos, en definitiva, toda forma que tenemos de estar en el mundo depende de esta capacidad de ser honestos.
El autoengaño tiene su función que yo entiendo como una forma de protegernos ante aquello que aún no somos capaces de afrontar, bien porque nos duela, nos dé miedo, o porque dudamos de ese potencial que todos tenemos dentro para superar los obstáculos necesarios para seguir creciendo. Así, nos podemos sorprender una y otra vez pensando, diciendo, haciendo, todo aquello que no se corresponde con lo que verdaderamente sentimos, que en definitiva, es lo que importa.
Entonces resulta que, a la situación por resolver y el dolor que nos causa sentirnos "perdidos" por un tiempo, le tenemos que sumar el inmenso dolor de no estar en consonancia con nuestro propio ser al no concedernos el derecho de saber con sinceridad qué es lo que pasa en lo más profundo de nuestro corazón.
Mirar dentro con honestidad es difícil porque requiere el VALOR necesario para llegar hasta aquello que ya de antemano sabemos que muy probablemente no sepamos arreglar de inmediato, requiere HUMILDAD para reconocer que seguramente por algún tiempo hemos estado haciendo algo mal, nos hemos equivocado en algo y las medidas que adoptamos no sirvieron, y por tanto hay que buscar otras. Requiere una gran dosis de AMOR hacia quienes somos para perdonarnos el error sin juzganos, sin reprocharnos, y por último,requiere una nueva PERSPECTIVA a la que tampoco estamos acostumbrados, al menos no de una forma plenamente consciente, porque de sobra es conocido que aprendemos gracias a los errores, pero esto que racional y lógicamente admitimos sin debate alguno, luego, a la hora de la verdad, no lo sentimos ni aplicamos con convencimiento, pues si fuera así, no aparecería entonces el tan conocido miedo al fracaso.
Si admitiéramos de verdad (de nuevo, honestamente) que no somos infalibles, reconoceríamos de inmediato que equivocarnos es una estupenda y maravillosa oportunidad para evolucionar y así, entendiéndolo de esta manera, llegaríamos a la inevitable conclusión de que "el fracaso", como tal, no existe. Pero nuestro ego se agarra, se esfuerza en retener cualquier creencia, aunque nos dañe, con tal de darnos esa "importancia" que en realidad no tenemos que buscar, ni identificar, ni justificar, porque simplemente "somos", y no hay nada más importante que "ser"
¿Y cómo ser honestos? ¿Si nos duele, nos asusta y además no sabemos muy bien por dónde empezar? Quizás no haya fórmula magistral. Quizás el camino de las preguntas y no el de las respuestas sea el que nos enseñe a poner en práctica todo aquello que nombramos antes: valor, humildad, amor por uno mismo y nueva perspectiva...Quizás la pregunta no sea cómo ser honestos, ni cuán difícil nos pueda parecer serlo, quizás la pregunta sea ¿nos queda otra forma mejor para conseguir ser felices que no sea a través de la coherencia que nos otorga el ser honestos con nosotros mismos?
El autoengaño tiene su función que yo entiendo como una forma de protegernos ante aquello que aún no somos capaces de afrontar, bien porque nos duela, nos dé miedo, o porque dudamos de ese potencial que todos tenemos dentro para superar los obstáculos necesarios para seguir creciendo. Así, nos podemos sorprender una y otra vez pensando, diciendo, haciendo, todo aquello que no se corresponde con lo que verdaderamente sentimos, que en definitiva, es lo que importa.
Entonces resulta que, a la situación por resolver y el dolor que nos causa sentirnos "perdidos" por un tiempo, le tenemos que sumar el inmenso dolor de no estar en consonancia con nuestro propio ser al no concedernos el derecho de saber con sinceridad qué es lo que pasa en lo más profundo de nuestro corazón.
Mirar dentro con honestidad es difícil porque requiere el VALOR necesario para llegar hasta aquello que ya de antemano sabemos que muy probablemente no sepamos arreglar de inmediato, requiere HUMILDAD para reconocer que seguramente por algún tiempo hemos estado haciendo algo mal, nos hemos equivocado en algo y las medidas que adoptamos no sirvieron, y por tanto hay que buscar otras. Requiere una gran dosis de AMOR hacia quienes somos para perdonarnos el error sin juzganos, sin reprocharnos, y por último,requiere una nueva PERSPECTIVA a la que tampoco estamos acostumbrados, al menos no de una forma plenamente consciente, porque de sobra es conocido que aprendemos gracias a los errores, pero esto que racional y lógicamente admitimos sin debate alguno, luego, a la hora de la verdad, no lo sentimos ni aplicamos con convencimiento, pues si fuera así, no aparecería entonces el tan conocido miedo al fracaso.
Si admitiéramos de verdad (de nuevo, honestamente) que no somos infalibles, reconoceríamos de inmediato que equivocarnos es una estupenda y maravillosa oportunidad para evolucionar y así, entendiéndolo de esta manera, llegaríamos a la inevitable conclusión de que "el fracaso", como tal, no existe. Pero nuestro ego se agarra, se esfuerza en retener cualquier creencia, aunque nos dañe, con tal de darnos esa "importancia" que en realidad no tenemos que buscar, ni identificar, ni justificar, porque simplemente "somos", y no hay nada más importante que "ser"
¿Y cómo ser honestos? ¿Si nos duele, nos asusta y además no sabemos muy bien por dónde empezar? Quizás no haya fórmula magistral. Quizás el camino de las preguntas y no el de las respuestas sea el que nos enseñe a poner en práctica todo aquello que nombramos antes: valor, humildad, amor por uno mismo y nueva perspectiva...Quizás la pregunta no sea cómo ser honestos, ni cuán difícil nos pueda parecer serlo, quizás la pregunta sea ¿nos queda otra forma mejor para conseguir ser felices que no sea a través de la coherencia que nos otorga el ser honestos con nosotros mismos?
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